La nueva directiva comunitaria de pagos PSD2 entra en vigor y promete remover los cimientos del negocio bancario al incorporar nuevas funciones y abrir las puertas a nuevos actores que podrán intermediar pagos y acceder a la información de sus clientes.

PSD2, en sus siglas en inglés: Payment Services Directive 2, entró en vigor el pasado 13 de enero y va a suponer para la configuración del ecosistema financiero europeo.

Para muchos «PSD2 va a ser una revolución para el mundo de la banca equivalente a la llegada de las apps a los móviles».

El objetivo final de la PSD2 es mejorar la competencia, la innovación y la protección al consumidor. Y para ello va a obligar a las instituciones financieras a una transformación total: tendrán que adaptar sus infraestructuras y servicios y, en algunos casos, los modelos de negocio al nuevo escenario competitivo.

Aunque la PSD2 está sobre la mesa de la Comisión Europea desde 2015, lo cierto es que el camino para la implantación definitiva será largo, tanto por las lagunas normativas (hasta mediados de 2019 no estarán definidos los requerimientos técnicos obligatorios para cumplir lo que manda) como por la falta de preparación de los grandes actores: la banca establecida.

Según un estudio elaborado por CA Technologies y Finextra, solo un 58% de los bancos europeos confiaba en cumplir este mes de enero con los requisitos mínimos exigidos.

Además, el mismo estudio revela que el 94% de los bancos reconoce que necesitarán nueva tecnología para adoptar con éxito la PSD2. La normativa impone cambios a todos los niveles pero entre los más relevantes figura la creación de un nuevo rol: los Third Party Providers (TPP) o proveedores externos de pago.

Estos nuevos agentes serán los que a partir de ahora intenten desintermediar la relación del banco con el cliente, independientemente del medio, del soporte o de la entidad con la que se trabaja. Estos TPP serán tanto iniciadores de pagos (PSIP, Payment Initiation Service Providers), que permitirán realizar pagos mediante transferencia en lugares donde típicamente se pagaba con tarjeta (todas mis cuentas las podrían llevar Amazon, Iberia y Mercadona, a las que simplemente ordenaré que paguen en mi lugar); como proveedores de información sobre cuentas que cubren la figura de los agregadores financieros que, si bien no son nuevos, vivían hasta la fecha en un limbo legal (en línea de empresas como Fintonic).

Para los consumidores, todo esto supondrá, entre otras cosas, que van a poder pagar desde su cuenta corriente, sin intermediarios como Visa o Redsys, algo que no es usual en las webs de consumo, y el pago se convertirá en una acción push.

Por eso, la tarjeta de débito será el primer instrumento tradicional de pago que veremos flaquear. «No habrá diferencia en la experiencia de uso respecto a una tarjeta de débito», explica el responsable de Capgemini, lo que también obligará a las empresas que hasta ahora han intermediado en los pagos a replantear su propio rol. Asimismo, veremos cómo nuestro banco no será necesario para la mayoría de transacciones y que nuevos actores intentarán ocupar su rol y ofrecerán productos financieros personalizados. «El gran beneficiado de la PSD2 será el consumidor, que ganará en transparencia y calidad del servicio», explica Arturo González, responsable de infraestructuras financieras en la Asociación Española de Fintech e Insurtech, que lleva desde su creación reivindicando la necesidad de esta norma. Desde la perspectiva del sector financiero, la principal consecuencia de estos cambios es que los bancos estarán ahora obligados a ceder a terceros los datos de sus clientes, siempre con su consentimiento, a través de interfaces de programación o APIs (puerta de entrada al sistema de información de una empresa). «Estamos en la primera situación de la historia en la que una industria se tiene que abrir a un competidor para compartir los datos de sus clientes, por lo que el pulso de las fin

La nueva normativa de pagos europea no sólo acelerará el cambio de las entidades financieras por la reducción de las barreras de entrada y la llegada de productos y servicios alternativos, sino también por la aparición de los bancos líquidos. Este nuevo concepto de banca supone que habrá nuevos actores que operarán sin la necesidad de ser bancos ni tener productos propios. Serán mejores en la medida que ofrezcan un mejor asesoramiento a sus clientes y un portfolio de productos más interesantes y, en consecuencia, el valor del asesor y de los nuevos productos se multiplicará exponencialmente. Quienes se encuentran mejor situadas para dominar esta nueva faceta bancaria serán las Bigtech, dada su cercanía y confianza con el cliente, potenciada también por sus últimas apuestas tecnológicas. Así, en la evolución entre el usuario y la entidad financiera, emerge con fuerza el canal conversacional, donde las personas compran como resultado L

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